TOMILLO

El tomillo, por la fuerza de su esencia, aporta un aroma especial a los platos a los que se incorpora. Acompaña a guisos de carne y de pescado como aderezo, confiriéndoles un sabor muy mediterráneo. En tal caso, se deben favorecer las cocciones lentas para dar tiempo al tomillo a desprender su fragancia.

La sopa de tomillo es un plato tradicional que tiene incontables adeptos, aunque a otras muchas personas les deja más bien indiferentes. Debe prepararse de forma concentrada, con ramilletes a poder ser recién cosechados, y se le suele añadir pan seco, queso rallado, e incluso una yema de huevo. Se considera un plato muy energético, que los antiguos pastores valoraban en gran medida para infundirles energía y para ayudarles a soportar las inclemencias del tiempo.

El tomillo es parte esencial e insustituible del conocido bouquet garné, una mezcla de hierbas provenzales con las que se aromatizan muchos platos tradicionales de esa venerada cocina. Pero la creatividad culinaria lleva al tomillo a muchos niveles aplicando en arroces, pastas, legumbres, sopas, carnes, pescados, caracoles, verduras, vinagretas o aceites aderezados.

La flor de tomillo se emplea de las más variadas formas en la cocina actual, formando parte de ensaladas, aromatizando vinos y licores o elaborando helados y salsas especiadas.

Presentación: Bandeja.

Conservación: en frigorífico hasta una semana, seco, deshidratado o molido

Consejo: Debe conservarse en el frigorífico dentro de envases herméticos, en aceite o seco. Para este último método se recomienda secar sus hojas a la sombra y sin humedad. Una vez seco se puede conservar en un recipiente cerrado de cristal alejado de la luz, la humedad y el calor.

Disponibilidad: Otoño-Invierno-Primavera.